El poder del agua en nuestra salud y bienestar

Seguramente habremos oído muchas veces la afirmación de que “el agua es fuente de vida”. Y realmente es así. El agua es un elemento esencial en el funcionamiento del planeta, está presente en la gran mayoría de procesos biológicos y es un componente imprescindible en nuestro organismo. De hecho, el 60% de nuestro cuerpo es agua y en determinados órganos y estructuras, el porcentaje es aún mayor. El cerebro, por ejemplo, es agua en un 70%.

¿Pero qué nos aporta el agua? Para empezar, es el componente principal de la sangre y gracias a ella se distribuyen los nutrientes por todas las células del organismo. El agua interviene en el proceso digestivo, en la eliminación de residuos y toxinas y en la absorción de nutrientes. Además, regula la temperatura y amortigua las articulaciones, entre otras muchas funciones.

Pero, al margen de este rol fundamental en los procesos biológicos, el agua también puede ejercer otra doble función: revitalizar y relajar. Y no hace falta irse a un balneario para disfrutar de esas sensaciones placenteras; con las duchas de Grohe, por ejemplo, se puede alcanzar la satisfacción de un spa sin moverse de casa. Son sistemas innovadores que incorporan gran variedad de chorros y que permiten obtener experiencias estimulantes.

Poder terapéutico del agua, ¿de qué depende?

Temperatura, composición, movimiento y sonido. Estos cuatro factores unidos son los que proporcionan al agua su gran poder terapéutico.

Composición

En función de sus componentes, las aguas van a tener unas propiedades predominantes u otras. Por ejemplo, las aguas salinas se utilizan fundamentalmente para tratamientos de talasoterapia. Además, tienen propiedades antibióticas, por lo que aceleran los procesos de cicatrización.

Las aguas termales, por su parte, son ricas en minerales y eso tiene efectos positivos sobre el metabolismo y la piel. Para el tratamiento de la dermatitis atópica o la psoriasis, por ejemplo, los especialistas suelen recomendar baños en aguas sulfatadas, porque poseen un gran poder antiinflamatorio.

Temperatura

La temperatura del agua es determinante para conseguir determinados objetivos. Las aguas frías producen un efecto estimulante, mientras que las cálidas inducen a la relajación, favorecen las articulaciones y ayudan a liberar toxinas. El contraste de temperaturas también se utiliza como elemento terapéutico. Es una técnica muy común en los spas y balnearios y en las sesiones de hidroterapia, que sirve para potenciar la circulación y ayuda también en los procesos inflamatorios.

Movimiento

Todo el mundo conoce el poder masajeador del agua. Jacuzzis, chorros, cortinas de agua… todos estos elementos, muy habituales en spas y centros acuáticos, trabajan sobre la base del agua en movimiento y sus propiedades, no solo como instrumento de relax, sino también como factor estimulante.

Ese poder masajeador se percibe especialmente en el mar, donde se juntan el movimiento natural de las olas y la densidad del medio marino.

Sonido

El agua no es solo un elemento líquido, es también un medio sonoro que potencia los efectos relajantes. El sonido del mar es uno de los recursos más utilizados en sesiones de relajación, igual que el agua de los ríos o el rumor de una cascada.

Todo este conjunto de factores convierte al agua en una fuente de bienestar única e insustituible.

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