Relación entre alimentación y dermatitis atópica

Blogmujeres.com

Cuidar la piel atópica comiendo

Casi cualquiera que padezca dermatitis atópica o tenga hijos que la padezcan se han preguntado si la alimentación puede tener algún efecto en el estado de la piel.

La respuesta es sí, si tenemos que atender a los estudios que cada vez apoyan más la relación entre la salud y la alimentación y la que existe entre esta última y la piel.

Si quieres saber si existe una dieta que cure la DA, la respuesta es: NO.

Pero atender a lo que se come y modificar los hábitos alimentarios influye mucho en el estado general de nuestro organismo en un sentido muy positivo.

La piel es nuestro mayor órgano y uno de los más susceptibles a cualquier cambio fisiológico, físico, ambiental, psicológico o emocional, circunstancia de la que se puede sacar provecho si sabemos cómo. La alimentación es uno de los componentes determinantes de la salud cutánea, como se está constatando cada vez más.

Si entendemos el funcionamiento básico de la piel y de la DA, podremos comprender mejor cómo y en qué medida la dieta puede ser un enemigo declarado de la piel o su gran aliado.

La piel en acción

Tal cual. La piel, como órgano vivo, no descansa ni de día ni de noche. De hecho, es durante la noche cuando realiza de manera más activa y profunda sus tareas de mantenimiento y renovación.

La piel está constituida por tres capas superpuestas, que veremos de dentro hacia afuera.

  • La hipodermis

Hay quienes no la consideran parte real de la estructura cutánea, pero, puesto que está firmemente conectada a la dermis, interactúa con esta y la nutre, la incluimos para una mejor compresión de la piel en su conjunto.

Está formada principalmente por adipocitos, células que almacenan y regulan la grasa corporal, fibras de colágeno llamadas septos tisulares y vasos sanguíneos, que proveen de riego a la dermis.

Sus principales funciones son la protección del organismo de agresiones externas y traumatismos, la regulación térmica, la alimentación y sostenimiento de la dermis y la intercomunicación con el sistema inmune, de forma que juega un papel básico en la respuesta inflamatoria de la piel.

  • La dermis

El colágeno, la elastina y el ácido hialurónico son sus componentes más importantes, siendo los dos primeros los responsables de la elasticidad de la piel y el segundo el encargado de almacenar y retener la humedad necesaria y óptima para el buen funcionamiento del cutis en su conjunto.

En ella se sitúan los vasos sanguíneos y los capilares que sustentan la epidermis, que no tiene riego sanguíneo, y las glándulas sudoríparas y sebáceas, ambas esenciales para el establecimiento y equilibrio de la llamada película hidrolipídica que cubren este último y más superficial estrato cutáneo.

Contiene asimismo los tejidos conectivos necesarios para cicatrizar y restaurar la piel dañada o herida.

  • La epidermis

Es la parte más externa de la piel y la que la conecta con el mundo exterior, preservándola de este.

Está compuesta en su mayor parte de queratinocitos, células que se forman en la subcapa más profunda de la epidermis y van migrando hacia afuera, mientras experimentan cambios estructurales que las convierten, finalmente, en células sin núcleo que conforman la conocida como capa córnea.

Esta capa córnea es la que produce la continua descamación de la piel y constituye la primera defensa de nuestro organismo. Sus células se mantienen cohesionadas gracias a la grasa (lípidos) producida y secretada por las glándulas sebáceas, mientras las glándulas sudoríparas proveen a la piel de la capa ácida que mantiene su pH, promueve la salud de la microbiota cutánea y actúa de barrera frente a microorganismos patógenos.

Por lo tanto, podemos decir que la piel es un complejo microcosmos compuesto por una estructura que se asemeja a un muro (los queratinocitos son los ladrillos, unidos por el cemento de los lípidos) en el que habitan la flora (principalmente hongos) y la fauna (virus, bacterias y parásitos) necesarios para mantener la piel saludable y defendida (la ya mencionada microbiota): la barrera protectora.

El proceso de regeneración cutánea dura, en total, entre 28 y 30 días en una piel sana, y se ralentiza con la edad.

Cuando el equilibrio se rompe, la piel puede perder su capacidad para mantener su estructura, para mantener sus defensas (capa hidrolipídica y microbiota) o ambas. Y ahí empiezan los problemas.

En el artículo Las mejores cremas para pieles atópicas: nuestra recomendación encontrarás un análisis de las mejores cremas para pieles atópicas.

Relación entre la dermatitis atópica y los intestinos

Estructura piel atópica.

Cuando aparece la DA, el efecto barrera desaparece, y la piel queda expuesta e indefensa frente a las agresiones exteriores, a la vez que pierde humedad y grasa de forma excesiva y descontrolada, el pH se altera y la microbiota se ve comprometida porque la epidermis no puede sustentarla. Es decir, una catástrofe microscópica.

Efectivamente, la dermatitis provoca xerosis o sequedad, rompiendo la pared celular por falta de cemento y la protección biológica por el cambio del pH.

El pH ideal de la piel ha de ser ligeramente ácido, con unos niveles entre 4.5 y 5.75, aunque varía dependiendo de la edad, la zona del cuerpo y los factores externos. Es el entorno ideal para que proliferen y se mantengan todos los microorganismos que viven en ella y que impiden que lo hagan los ajenos, potencialmente peligrosos.

La dermatitis atópica supone no solo un descalabro de toda la estructura cutánea, sino la instalación de condiciones que favorecen su progresivo deterioro y, por lo tanto, la incapacidad del sistema de regenerarse , así como la facilitación de condiciones que aceleran, incrementan y mantienen el daño.

Qué causa la DA y cómo se manifiesta

Las causas concretas que originan la dermatitis atópica no se han descubierto aún.

Es una enfermedad inflamatoria crónica, no grave (aunque hay casos muy severos), no alérgica, relacionada con el sistema inmune pero no clasificada como autoinmune, que llega a condicionar la vida diaria y el estado anímico de quienes la sufren.

Se sabe que hay componentes genéticos y hereditarios, aunque todas las evidencias recogidas parecen apuntar a la necesidad de que sean uno o varios factores externos los que determinen el debut de la enfermedad.

También se sabe que es una dolencia que puede presentar cualquier individuo en cualquier momento de su vida, pese a que es durante los primeros años cuando más probabilidades existen de padecerla (y más durante los dos primeros). Los antecedentes familiares de atopia incrementan el riesgo de forma significativa pero, de nuevo, no definitiva.

Como sea, las principales señas de identidad de la DA son siempre las mismas:

  • Inflamación, como respuesta a la invasión de agentes externos, desde alérgenos a patógenos.
  • Sequedad extrema debida a la incapacidad de la piel de producir sebo y humedad y de retenerlos.
  • Prurito intenso y difícil de tratar, por la falta de protección y los ataques provenientes del exterior.
  • Erosiones cutáneas, eritemas, edemas, vesículas, grietas, etc.
  • Cambios en el color y la textura de la piel, con zonas engrosadas (liquenificación) por el roce y el descontrol en el proceso de regeneración y eliminación de la capa córnea.

Todas ellas se producen por la incapacidad de la piel de cumplir sus funciones básicas, y a la vez impiden que esta mejore, creando un círculo vicioso que es necesario romper para generar las condiciones que permitan la reconstrucción cutánea.

El picor constante, el dolor de las lesiones y el aspecto de la piel condicionan, en ocasiones de forma decisiva, la vida de los afectados.

El sistema autoinmune está directamente implicado en todo este proceso, reaccionando de forma desproporcionada ante los estímulos, y este es un dato a tener en cuenta para comprender cómo y en qué medida la alimentación puede mediar en la enfermedad.

Los intestinos, el sistema inmune y la alimentación

La estructura intestinal es todavía más compleja que la de la piel. Se trata de tejido muy fino, recubierto de mucosa, que cumple con diferentes y sofisticadas funciones:

  • Protección.
  • Defensa.
  • Nutrición, a través de procesos como la secreción y absorción.

Simplificando mucho, se puede decir que la pared intestinal cumple con los mismos cometidos que la piel, además de realizar tareas básicas para el procesamiento correcto de los alimentos, diferenciando los nutrientes de los productos desechables y de los nocivos, a los que impide penetrar en el organismo, a través, principalmente del torrente sanguíneo. Y todo esto gracias a… ¡sí! de nuevo, la microbiota, es decir, la vida que alberga y es imprescindible para garantizar todas estas funciones.

Evidentemente, la microbiota intestinal no es como la cutánea, pero su papel es tan o más importante que el de esta, ya que cuando falla, la piel puede fácilmente verse afectada, de la misma forma que puede hacerlo todo el organismo. De hecho, la piel es muchas veces la que avisa de los problemas internos.

Cuando la flora intestinal se desequilibra (disbiosis), la función de barrera y protección queda comprometida y las paredes intestinales se vuelven permeables, siendo incapaces de realizar el cometido vital de discriminar a qué organismos y agentes permite el paso al torrente sanguíneo y a cuáles no.

El resultado de esta debilidad es que bacterias, virus, hongos, deshechos y otras sustancias, consiguen acceder a la sangre y a los órganos internos, provocando una reacción, que podríamos llamar de pánico, en el sistema inmune que, al verse desbordado, se desestabiliza y comienza a reaccionar indistintamente ante cualquier estímulo, ya sea un invasor o un nutriente, por ejemplo.

La flora deteriorada y los intestinos con sus funciones alteradas impiden que se realice una correcta y suficiente absorción de nutrientes, lo que afecta a la salud de todo el organismo.

Este esbozo básico de cómo funciona el intestino y qué pasa cuando deja de hacerlo correctamente, sirve para entender la importancia del equilibrio de los microorganismos que lo habitan y de la alimentación en nuestra salud en general.

Hay estudios que constatan que en la DA hay alteración de las microbiotas cutánea e intestinal y un empobrecimiento notable en la variedad de organismos que las integran.

Sabiendo esto, es fácil inferir que todo lo que ingerimos puede afectar a nuestros intestinos y, por lo tanto, a nuestra salud, desde los alimentos hasta los condimentos, pasando por los medicamentos.

Tomando conciencia de lo que comemos

Alimentos para la piel atópica.

La dermatitis atópica es una enfermedad cuya incidencia ha experimentado un alarmante crecimiento en las últimas décadas (¡hasta un 300 %!), y lo ha hecho de forma marcadamente desigual.

Mientras en las poblaciones rurales y de los países en vías de desarrollo apenas ha habido cambios, el número de casos en entornos metropolitanos y en países desarrollados no para de crecer. Se atribuye este crecimiento a factores relacionados con el progreso, el estilo de vida urbanos:

  • El estrés.
  • La contaminación.
  • La pérdida de contacto con la naturaleza.
  • El nivel socioeconómico y cultural: cuando más elevados son, mayor la probabilidad de desarrollar DA, tanto en niños como en adultos.
  • El estilo de vida, que comprende la dieta.

Los hábitos alimentarios en el llamado primer mundo han cambiado drásticamente y siguen haciéndolo.

Consumimos una variedad de alimentos con los que nuestros antepasados no podrían ni haber soñado, y las múltiples industrias relacionadas con la alimentación no paran de crecer e idear nuevas formas de tentarnos y, casi, de acabar con la necesidad de cocinar en casa.

Hay mucha trampa es este aparente mundo feliz:

  • La comida procesada nos aleja del contacto directo con las materias primas y, por tanto, del control de la calidad de estas.
  • Ingerimos, sin ser conscientes, un montón de ingredientes añadidos, que no ofrecen beneficio alguno y suponen un riesgo para la salud de nuestro sistema digestivo y de nuestro organismo.
  • No nos facilitan ni exigimos una información veraz y clara sobre estos ingredientes y sus efectos certeros o posibles.
  • Todavía más, perdemos relación con la naturaleza y sus productos.
  • Dejamos de reservar tiempo para elaborar nuestros alimentos y comerlos de forma tranquila y placentera, incrementando el nivel de estrés de nuestro día a día, de forma casi imperceptible pero muy importante.
  • Sin darnos apenas cuenta, vamos introduciendo en nuestra dieta cantidad de elementos innecesarios, superfluos, absolutamente prescindibles y de efectos muy negativos a medio y largo plazo.

Si bien es cierto que tenemos más y mejores comidas al alcance de muchísimas más personas, no lo es menos que un régimen absurdo, desequilibrado e irresponsable, está dando lugar a la proliferación de enfermedades relacionadas con este, algunas de las cuales tienen hoy en día rango de epidemia en los llamados países civilizados. Y, lo que debería ser todavía más alarmante, cada vez más víctimas son niños y personas muy jóvenes.

No se trata de repudiar nuestra civilización y todos sus avances, pero sí de asumir cierto grado de responsabilidad sobre nuestras vidas en concreto y tomar conciencia, para sacar el máximo provecho de las ventajas y minimizar los riesgos.

Lo que supone prestar un poco de atención a la composición de los platos preparados, los alimentos envasados y enlatados, etc. y buscar aquellos con los ingredientes necesarios, sin demasiados añadidos prescindibles.

Esto reza especialmente para quienes tienen DA o mayor probabilidad de llegar a tenerla, ya que la prevención de esta es casi imposible.

Una dieta sana para la piel atópica debería excluir, de forma sistemática, los alimentos, condimentos y añadidos que modifican y deterioran la flora intestinal y suelen ser altamente inflamatorios, por lo que limitar o eliminar su consumo solo puede aportar beneficios a quienes padecen una enfermedad inflamatoria como la dermatitis atópica.

Hay que tener en cuenta que la capacidad inflamatoria u oxidante es siempre a nivel celular, por lo tanto, el daño también lo es.

Qué no comer o limitar

Qué no comer con piel atópica.

  • El azúcar.

Con la excusa de que es un conservante “natural”, se agrega a muchos platos y alimentos procesados que suelen llevar otros conservantes, con lo cual el azúcar sobra, pero se utiliza porque engancha como pueda hacerlo cualquier  droga, y fisiológicamente se comporta como estas, desencadenando los mismos procesos de satisfacción y ansiedad en el cerebro.

La verdad es que el azúcar es muy inflamatoria, oxidante, inmunosupresora y puede producir depresión, por la forma en que afecta al cerebro (ya lo hemos dicho: como una droga), irritabilidad, cansancio y bajada del tono vital. Además, sobrecarga de trabajo a riñones e hígado y hay estudios que demuestran que, literalmente, encoge el cerebro.

Otro dato: a las células cancerígenas les encanta el azúcar.

Es cierto que nuestro organismo, y sobre todo el cerebro, necesita y consume azúcar, pero en numerosos alimentos naturales está presente -en los lácteos, en forma de lactosa y en las frutas en forma de fructosa, sin ir más lejos- y nuestro cuerpo tiene la capacidad de transformar los hidratos en azúcar cuando es necesario.

No olvidemos la diabetes tipo 2, cada vez más presente entre la población, hasta en niños, y causada directamente por el constante exceso de azúcar en el organismo, que este no puede procesar ni eliminar. El páncreas se ve sobrepasado, incapaz de regular la producción de insulina, y acaba perdiendo su funcionalidad.

La obesidad, auténtica plaga en los países desarrollados, que da lugar a numerosas patologías directamente derivadas del exceso de peso y sus consecuencias para el organismo.

El azúcar está presente en cantidades ingentes en productos como los refrescos y zumos envasados, los cereales para desayuno, los dulces y en el 80 % de los platos preparados y alimentos procesados, muchas veces incluidos con nomenclaturas muy diversas: jarabe, maltosa, fructosa, miel, sacarosa, dextrosa, etc. o en forma de edulcorantes artificiales.

No te dejes camelar por la etiqueta “natural”. Cualquier azúcar natural, en el formato que sea, sigue siendo azúcar y deberías restringir y controlar su consumo.

Hay que hacer una mención especial a la miel. Si bien la miel contiene un 40 % de azúcar, la comercializada, normalmente, contiene una proporción considerablemente mayor, ya que se suele adulterar con jarabes, azúcares varios y agua, y no existe obligación legal de especificarlo en las etiquetas. Sin contar con que es sometida a procesos de calentamiento y filtrado que eliminan el polen que contiene, privándola así de sus ventajas y convirtiéndola en un azúcar más.

No hay azúcares sanos. Lo único que puedes usar como sustituto sin problema es la estevia, pero en su formato natural. Los edulcorantes que venden como estevia en supermercados y herbolarios llevan un poco de esta, estando compuestos, mayormente, por edulcorantes artificiales tipo sacarina.

Vamos con los edulcorantes artificiales: no son mejores que el azúcar y aparecen en las etiquetas con diversos nombres y nomenclaturas, desde la conocida sacarina a los E-xxx que el consumidor medio no puede distinguir.

Está demostrado a través de estudios que tanto el azúcar, en cualquiera de sus formas, como los edulcorantes artificiales alteran y destruyen la microbiota intestinal y ocasionan inflamación en este órgano y muchos otros.

Intenta, pues, eliminar el azúcar de tu dieta y consumirla solo en ocasiones puntuales. Notarás un incremento de tu energía vital y una mejora en síntomas tan dispares como dolores articulares o insomnio.

  • Harinas refinadas.

Los cereales y las harinas derivados de estos son fundamentales para aportar hidratos de carbono y fibra a nuestro organismo, pero las harinas refinadas no contienen apenas fibra ni nutrientes, y aportan un tipo de carbohidrato que, en el organismo, actúa casi como los azúcares.

Por el contrario, los hidratos de cereales enteros y sus harinas son procesados de forma más lenta y transformados en azúcar cuando es necesario, pero este proceso lento hace que sean más beneficiosos para el organismo y menos  aprovechables para agentes patógenos.

La principal ventaja de las harinas refinadas es que tardan más en estropearse. Punto.

Los cereales enteros y sus harinas aportan no solo fibra, sino aceites insaturados, vitaminas y minerales. Y son definitivamente amigos de los intestinos, mientras las harinas refinadas son inflamatorias, alteran el funcionamiento normal de procesos metabólicos y hormonales y de la flora intestinal.

  • Grasas saturadas.

La comida y la piel atópica.

Presentes en los lácteos y las carnes rojas en mayor proporción, y en muchos otros alimentos en menor medida.

No aportan otro beneficio a la dieta que la grasa en sí, que es necesaria, pero como están presentes en muchos alimentos en proporciones saludables (en los huevos o las carnes de ave, sin ir más lejos), es conveniente limitar el consumo de los que la contienen en exceso.

Son inflamatorias, en cierta medida indigestas y destruyen la flora intestinal.

  • Grasas trans o transaturadas. 

Prácticamente innecesarias, están presentes de forma natural en algunos alimentos como los lácteos y las carnes, en muy escasa medida, pero es que el organismo apenas las necesita, y su exceso resulta altamente perjudicial.

El problema es que las de origen artificial están por todas partes y se añaden a un incontable número de alimentos y comidas procesadas, desde patatas a bollería industrial, pasando por carnes, salsas, etc.

Se producen industrialmente y se utilizan porque alargan la vida de los productos, les dan mejor aspecto, abaratan los costes e incrementan los beneficios.

Dado que no aportan ningún beneficio a la dieta y que la escasa cantidad que pudiera ser necesaria ya la obtenemos directamente al consumir productos animales, eliminarlas completamente de la dieta solo reportará ventajas.

Están en la pastelería y bollería industriales, en aperitivos, comidas rápidas y procesadas, etc.

Los inconvenientes de su ingesta van más allá de los problemas cardiovasculares: de nuevo encontramos sobresalientes efectos inflamatorios para el organismo y devastadores para la microbiota.

  • Aditivos artificiales. 

La mayoría de ellos aparecen en el índice de ingredientes con nomenclaturas que incluyen una letra y varios números. El problema es que esa misma nomenclatura se utiliza para clasificar los componentes naturales, con lo que las etiquetas sirven poco para aclarar la verdadera naturaleza de los ingredientes de los alimentos.

    • Los que comienzan por la letra E son los autorizados por la Unión Europea.
    • Los que comienzan por la letra H son los autorizados además por el Gobierno de España.
    • Los que no van precedidos por ninguna letra son los que están reglamentados provisionalmente, porque se están estudiando sus efectos en nuestro organismo, aunque se permite su uso mientras estos se concretan.

El fabricante está obligado a especificar de qué tipo de aditivo se trata, pero puede elegir entre indexar por nombre del producto o por letra y número, y, muchas veces, la elección se hace para manipular al consumidor.

Los aditivos que puedes encontrar en los alimentos son:

    • Agentes aromáticos o aromatizantes.
    • Antiapelmazantes.
    • Antiaglomerantes o antiaglutinantes.
    • Antiespumantes.
    • Antioxidantes.
    • Colorantes.
    • Conservantes.
    • Edulcorantes.
    • Emulgentes.
    • Espesantes.
    • Estabilizantes o estabilizadores.
    • Gasificantes.
    • Gelificantes.
    • Humectantes.
    • Potenciadores del sabor.
    • Reguladores del pH.

Como norma, descarta cualquiera de origen artificial, porque by los que lo son pueden sustituirse por equivalentes naturales.

Los aditivos artificiales esconden, a veces, ingredientes como el gluten y otros alérgenos, son altamente inflamatorios y todos afectan negativamente al intestino.

  • Alcohol. 

Se insiste mucho en el consumo responsable y en los beneficios que algunas bebidas alcohólicas aportan, pero lo cierto es que es un elemento absolutamente prescindible en la dieta, sobre todo si tienes alguna enfermedad inflamatoria como la dermatitis atópica.

Esto no significa que no puedas tomarlo de vez en cuando, pero evítalo en pleno brote o cuando notes la piel especialmente sensible.

Comprueba que no te afecta, porque se sabe que puede provocar o empeorar los brotes.

Si imaginas que no resulta nada bueno para el intestino, estás en lo cierto, con el agravante de que el 80 % de este se absorbe a través de él. Reseca las mucosas, produce microúlceras, favorece la proliferación de bacterias y aumenta la permeabilidad.

Para sumar desventajas a la ingesta de alcohol, puede afectar a los niveles de azúcar en sangre, elevándolos cuando consumimos bebidas alcohólicas dulces, que contienen mucha azúcar, o bajándolos hasta provocar una hipoglucemia, ya que el encargado de liberar el azúcar a la sangre es el hígado, y cuando bebemos está tan ocupado procesando el alcohol, que deja de aportar azúcar al torrente sanguíneo, o lo hace poco y mal.

Con qué tener cuidado

Bebidas y piel atópica.

Hay alimentos que pueden ser o no aconsejables para la piel atópica, dependiendo del sujeto, el momento y las circunstancias. La DA es una enfermedad que tiene tantas manifestaciones, variantes y excepciones como enfermos la padecen.

Lo que un día la alivia puede exacerbarla otro, y lo que desencadena un brote puede resultar del todo inocuo en otra ocasión.

Hay alimentos y bebidas que, en este aspecto, podríamos clasificar como ambiguos.

  • Solanáceas. 

Bajo este nombre genérico se engloban algunos de los alimentos vegetales más comunes y mejor considerados para una dieta sana y equilibrada:

    • Patatas.
    • Tomates.
    • Pimientos, en todas sus variedades.
    • Berenjenas.

Contienen alcaloides inflamatorios y parece que pueden interferir en la síntesis de la vitamina D y el metabolismo del calcio, lo que las hace poco recomendables para enfermedades como la artritis.

Por otro lado, hay que decir que estos alimentos no contienen una excesiva cantidad de alcaloides, por lo que no afectan a personas sanas y no se conoce hasta qué punto lo hacen a personas enfermas, más allá de aquellas que tengan alergia o intolerancia a esta familia de vegetales.

Parece que las personas con enfermedades inflamatorias notan mejoría cuando dejan estos alimentos, pero no hay todavía estudios rigurosos que respalden estas experiencias.

Para minimizar el efecto de estas sustancias hay varias medidas a tomar a la hora de consumirlas:

    • No consumirlas en exceso.
    • Pelarlas bien, incluso los tomates, ya que la mayor parte de los alcaloides se concentra en la piel.
    • Consumirlas maduras: cuanto más verdes, más tóxicas resultan.
    • Cocinarlas siempre que se pueda, lo que reduce su contenido en alcaloides.
    • En el caso de las patatas, retirar bien los brotes siempre.

Son alimentos que contienen antioxidantes y, como veremos, los pimientos picantes tienen efectos calmantes y antiinflamatorios.

Entonces, ¿debes retirar estos alimentos de tu dieta?

No necesariamente. Si sospechas que pueden estar afectándote o quieres comprobar si lo hacen, puedes dejar de consumirlos durante tres o cuatro semanas y luego reincorporarlos, para determinar si te afectan y en qué medida.

  • Productos lácteos.

La leche de vaca y sus derivados están entre las primeras intolerancias y alergias asociadas a la piel atópica.

Si no es tu caso, tendrás que decidir si los tomas, cuáles de ellos y con qué frecuencia.

Los quesos curados, ricos en histamina, pueden empeorar el picor y la irritación; sin embargo, el yogurt o el kéfir son muy beneficiosos para el sistema digestivo y para los intestinos y la piel, por su alto contenido en probióticos que repueblan y mantienen la microbiota de ambos órganos.

Es imprescindible que compres yogures de calidad, sin azúcar añadido, colorantes ni saborizantes, hechos con leche entera y que realmente contengan vida microbiana (no es el caso de la mayoría de productos comercializados como yogures).

La mantequilla, que es una grasa saturada, debe consumirse con moderación.

No olvidemos que los lácteos aportan grasa, proteínas, minerales (sobre todo y por encima de todo, calcio) y vitaminas.

Una buena alternativa a la leche de vaca y sus derivados son las leches de cabra y oveja, y los productos elaborados con estas.

Para saber si los lácteos te pueden estar perjudicando, aunque no tengas intolerancia ni alergias, puedes retirarlos de tu dieta durante un tiempo e ir agregándolos poco a poco, observando cualquier reacción.

  • Café y té. 

Ambos son excitantes y, de entrada, no recomendables para quienes tienen DA.

Sin embargo, varios estudios revelan que ambos resultan beneficiosos para la microbiota intestinal, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas propias y ayudando a controlar la población de las que no lo son.

El café también estimula la motilidad intestinal, pero parece que de forma irregular en según qué individuos, mejorando y ayudando a unos y provocando diarreas y molestias en otros.

El contenido de cafeína no está relacionado con estos efectos, que se han documentado tanto en café normal como descafeinado.

Es importante no tomarlo con el estómago vacío, ya que estimula la producción de ácidos estomacales que pueden irritar tanto el estómago como los intestinos.

Entre sus características menos favorables destaca un pH muy ácido, que, de entrada, no es lo mejor para el organismo.

A la hora de la verdad, las reacciones al café y el té son muy diferentes en cada uno, así que, si te gustan, tómalos con moderación (no más de 2 tazas al día) y observa cómo te afectan: si el resultado es negativo, déjalos.

  • Picantes.

Comida picante y piel atópica.

La comida picante, en principio, se ha desaconsejado en casos de dermatitis atópica, porque, entre otras cosas, sube la temperatura corporal, lo que puede incrementar el ya de por sí torturante picor, característico de esta.

Pero, por otro lado, produce reacciones fisiológicas como respuesta, que redundan en un enfriamiento del organismo, lo que explica por qué se consumen en zonas y épocas del año de calor intenso.

Las investigaciones muestran cómo los compuestos picantes no solo tienen claros efectos antiinflamatorios, sino que contribuyen, de manera significativa, a la mejora y estabilidad de la flora intestinal.

Es importante, en todo caso, no abusar del picante, que en cantidades excesivas pierde sus propiedades beneficiosas y altera el organismo hasta límites peligrosos.

Entre las sustancias picantes más comunes encontramos la capsaicina, presente en guindillas y pimientos picantes, la piperina, propia de la pimienta negra y el jengibre, y la allicina, que se encuentra en ajos y cebollas.

Otros beneficios de las sustancias picantes son su capacidad antimicrobiana y anticancerígena (esta última está siendo estudiada por los resultados previos, positivos pero no determinantes).

Si te gusta el picante, no renuncies a él sin comprobar que realmente te perjudica más de lo que te beneficia, y recuerda que la reacción de tu cuerpo y tu piel no es siempre la misma.

Los mejores alimentos para ti y tu piel

En líneas generales, la mejor recomendación es que lleves una dieta sana y equilibrada, en la que primen los alimentos frescos de calidad, y que mantengas la hidratación de tu organismo con suficiente agua, que puedes complementar con zumos naturales e infusiones.

  • Frutas, verduras y legumbres. 

Puedes consumirlas sin problema, a no ser que tengas alguna alergia o intolerancia contrastadas.

Te aportan agua, fibra, vitaminas, minerales, proteínas -aunque en escasa proporción- y son un abono magnífico para la microbiota intestinal.

Como hay corrientes de todo tipo, desde las que aconsejan consumirlas crudas o lo menos elaboradas posible, hasta las que abogan por cocinarlas bien, te aconsejamos que las comas como más te gusten o mejor te sienten.

Diferentes estudios realizados, muestran que los distintos vegetales reaccionan de formas diversas a la elaboración: los hay que pierden nutrientes y capacidad antioxidante, los que las incrementan y los que necesitan una elaboración mínima para dar lo mejor de sí.

Es una buena filosofía acostumbrarse a tomar productos de temporada.

  • Cereales integrales.

Imprescindibles si no hay celiaquía, intolerancia o alergia al gluten.

Son una fuente óptima de fibra, minerales y vitaminas, mejorando el estado de la flora intestinal y la alcalinidad del organismo.

No sirven los que venden para desayunos como sanos o saludables si llevan azúcar, chocolate, miel (que seguro que no lo es) y cualquier otro ingrediente añadido.

  • Pescado.

Los pescados azules son ricos en ácidos grasos omega 3 y omega 6, que tu piel dañada necesita y que nuestro organismo no produce.

Es mejor el pescado fresco y el que no procede de piscifactorías. Es rico en proteínas, minerales y vitaminas, y la piel tiene un alto contenido de colágeno.

  • Marisco. 

Es un alimento de alta densidad nutritiva, lo que significa que aporta muchos beneficios con poco valor calórico.

Los mariscos son ricos en proteínas, vitaminas, minerales y ácidos oleícos y se pueden cocinar de muy diversas formas.

  • Aves y carnes.

No se deben consumir a diario, pero sí han de estar presentes en una dieta equilibrada.

Recorta y controla el consumo de carnes rojas (vacuno, cerdo, cordero), ya que pueden provocar enfermedades como la gota (exceso de ácido úrico) o empeorar el estado general del organismo, pero que consumidas con moderación sumarán a tu dieta grasa, proteínas de calidad, hierro, vitaminas del grupo B como el ácido fólico (B9) y la cobalamina (B12) y minerales como el hierro y el zinc.

En cuanto a las carnes blancas o de ave, es difícil comerlas en cantidades tales que supongan un riesgo para la salud, por su menor contenido de grasas y purinas (que producen ácido úrico), pero su consumo debe ser, de todas formas, moderado.

Las aves de caza están clasificadas como carne roja o blanca según los autores.

Resultan más fácilmente digeribles y tienen menos grasa que las carnes rojas. Suministran proteínas, vitaminas y minerales.

Puedes cocinar las carnes como prefieras, siempre que no las quemes.

Recuerda que el cerdo debe estar bien cocinado para evitar parásitos, pero la ternera puedes hacerla poco sin problemas y que no es saludable comer carne a diario, entre otros motivos, porque su exceso deteriora la flora intestinal.

  • Frutos secos. 

Alimentos para la piel atópica.

Si no tienes alergia, incorporarlos a tu dieta en cantidades moderadas solo te reportará beneficios: ácidos grasos, aceites vegetales de calidad, minerales, algunos escasos en cualquier otro alimento, vitaminas, proteínas vegetales y fibra.

Puedes agregarlos a comidas como ensaladas y platos cocinados, o comerlos como aperitivo y tentempié.

  • Aceites vegetales.

Son magníficos aliados de nuestra salud y puedes usarlos incluso como emulsionantes, aplicándolos directamente sobre la piel.

Procura que sean de calidad y diversifica los que usas a diario: darás color y variedad a tu cocina y aprovecharás los beneficios de cada uno, que no son pocos.

Los mejores son los prensados en frío, y siempre mejores cuanto menos refinados estén. Cuanto más refinados más propiedades pierden, convirtiéndose en meras grasas sin aporte nutricional alguno.

En cuanto a cómo consumirlos, hacerlo en crudo es la mejor opción.

Si los usas para freír, no los recicles más de una o dos veces, siempre y cuando no se hayan quemado.

Son antiinflamatorios, antioxidantes, y proporcionan vitaminas, minerales y ácidos grasos, mejorando la absorción de nutrientes.

  • Plantas aromáticas y especias. 

Las propiedades de estas son innumerables:

    • Antiinflamatorias.
    • Antibacterinas.
    • Reguladoras de funciones fisiológicas como la presión arterial.
    • Digestivas.
    • Calmantes, etc.

Puedes añadirlas a tus platos o tomarlas como infusión o tisanas y son una perfecta alternativa a los aditivos artificiales. Siempre será mejor usar cúrcuma que curcumina, por ejemplo, entre otros motivos, porque conserva todas sus magníficas características, como la de ser un potente antiinflamatorio.

En realidad, ningún alimento básico queda excluido de la dieta ideal para pieles atópicas, y puedes hacer una a tu medida o la de tus hijos sin problemas de ningún tipo, porque tienes variedad de productos sanos entre los que elegir y todos fáciles de conseguir.

En resumen:

  • Toma conciencia de la importancia de la dieta en la salud y dale la oportunidad de mejorar tu vida y el estado de tu piel: prueba a hacer comidas sanas y equilibradas, si no lo haces ya.
  • Puede resultarte de gran ayuda diseñar un menú semanal o mensual.
  • Come variado, con calma y tiempo, y haz de tus comidas un momento de descanso y placer.
  • Deja los platos preparados y la comida rápida fuera de tu dieta o para ocasiones muy excepcionales (pero de verdad).
  • Retira cualquier azúcar, los edulcorantes artificiales y las harinas refinadas de tu vida y consúmelas solo en momentos puntuales.
  • Pon atención a la composición de los alimentos enlatados y envasados: ante la duda, elige los que menos ingredientes lleven y los que utilicen los más naturales.
  • Modera y limita el consumo de embutidos y derivados cárnicos procesados.
  • No te dejes impresionar por las etiquetas e infórmate, la publicidad engañosa está por todas partes y la utilizan para vender más, pero no mejores productos. Por ejemplo: las patatas fritas hechas con patatas no transgénicas... suenan muy bien, ¿verdad? Pues resulta que el uso de patatas transgénicas está prohibido en toda la UE, así que no te están dando un extra pero sí te lo van a cobrar, si te dejas.
  • Sé moderado en todo (productos y cantidades) y disfruta de la comida.
  • No comas demasiada cantidad de una vez ni comidas excesivamente calientes: un reciente estudio demuestra que comer poco es una de las claves de una vida más larga y, sobre todo, de una vejez mejor.

La alimentación infantilAlimentación infantil y piel atópica.

Como en los adultos, la alimentación de los niños debe ser variada, sana y equilibrada, pero veamos cada etapa con un poco más de detalle. Recuerda que la dermatitis atópica tiende a mejorar e incluso desaparecer con el tiempo, y cuéntaselo a tu hijo, pero sin crearle falsas expectativas.

Enséñale a ir responsabilizándose de sí mismo, sus cuidados y rutinas según vaya creciendo, haciéndole saber que estarás ahí siempre que te necesite (tu objetivo es que te necesite cada vez menos).

Te recomendamos que leas La dermatitis atópica en bebés y niños.

Lactancia materna

Es la mejor para los bebés durante, al menos, seis meses. Cuanto más se alargue en el tiempo, mayores serán los beneficios, y puede mantenerse mientras se van añadiendo alimentos sólidos a la dieta de los lactantes.

No está todavía firmemente demostrado que evite la DA o disminuya su intensidad (ni lo contrario, claro), pero son tantos sus beneficios, y hay tantos indicios de sus efectos en bebés atópicos, que sería absurdo descartarla.

Se sabe que lo que coma la madre durante el embarazo y la lactancia influirá en el gusto del niño por un tipo de comidas u otras.

La leche materna prepara y refuerza el sistema inmune, puebla los intestinos de la mejor flora y, normalmente, mamar calma y apacigua a los niños, lo que les viene muy bien cuando tienen picores continuos.

El pediatra te indicará qué alimentos debes ir incorporando y a qué ritmo, así como qué debes vigilar para detectar una posible alergia o intolerancia.

Como curiosidad y apunte para mejorar la salud general de tu hijo, debes saber que se ha descubierto que cuando los padres limpian los chupetes de los niños con la boca, les transmiten parte de su microbiota, que refuerza y aporta variedad a la de los bebés, así que no solo no es malo, sino aconsejable (siempre en condiciones higiénicas normales y a partir del sexto mes).

Infancia

Ten en cuenta que el sentido del gusto es el que más tarda en desarrollarse completamente y cambia durante toda la vida, lo que significa que puede que a tu hijo no le guste un alimento a los dos años, y que le entusiasme dos años después. Sé paciente, pero intenta introducirle a todo tipo de sabores y texturas (a veces no se rechaza el sabor sino el tacto de un determinado alimento en la boca).

Dale a tu hijo una dieta variada y equilibrada, que cuente con alimentos frescos de temporada y no abuses de platos preparados o precocinados, fritos en ninguna de sus versiones o comida rápida.

Intenta acostumbrarle a comer fruta y verdura: esta última puedes aderezarla con especias o hierbas aromáticas; carnes y pescados a la plancha; legumbres y frutos secos.

Limita drásticamente la ingesta de azúcar y dulces, aunque te parezca difícil: estarás haciendo un gran favor a tu hijo y su salud presente y futura.

Si sospechas de alergia o intolerancia, puedes hacer una prueba, retirando el alimento en cuestión durante 10-15 días para reincorporarlo poco a poco y observar si se produce cualquier reacción, pero coméntalo con tu pediatra y sigue sus instrucciones siempre.

Por lo demás, someter a un niño a una dieta restrictiva no solo no es aconsejable, sino que puede resultar peligroso.

Si te propones establecer una relación relajada y de confianza con tu hijo desde la infancia, todo será más fácil para él y para ti cuando vaya creciendo. Es importante, en general, establecer vínculos de comunicación con los hijos, y más aún cuando estos padecen de una enfermedad como la dermatitis, que puede complicar su vida social, su sensación de integración y su autoimagen: intenta estar pendiente sin resultar agobiante o sobreproteger.

Pubertad y adolescencia 

Si no ha ocurrido antes, a esta edad tu hijo tendrá ya gustos muy definidos (aunque, insistimos, todavía no definitivos, y siempre cambiantes) con respecto a la comida.

Evita peleas y discusiones, que le harán rechazar aún más lo que no le gusta, y explícale la importancia de una dieta equilibrada y sana. También puedes negociar con él algún premio -más bien simbólico- a cambio de su disposición a comer bien.

Sin duda alguna, los adultos de la casa somos el ejemplo en el que se van a mirar, así que tiene poco sentido exigirle un comportamiento que no vea y viva en su entorno.

Intenta limitar el consumo de comida rápida, por muy cómoda que sea y mucho que les guste a los niños, y deja el dulce para ocasiones especiales y esporádicas.

Cuando un niño llega a estas edades con DA, puede empezar a manifestar problemas sociales, cambios de humor y tendencia al aislamiento.

Estate pendiente y reacciona al menor indicio, pero siempre contando y hablando con él, con paciencia y amor (son edades en las que suelen mostrarse retraídos y suspicaces con los adultos, pero ganarte su confianza está en tus manos) . Si es necesario, busca ayuda profesional y mantén el contacto con los profesores, para saber qué tal está en el colegio o instituto, más allá de su desenvolvimiento académico.

Otros cuidados de la piel atópica

Otros cuidados de la piel atópica.

Como breve apunte, recordamos los cuidados básicos que toda piel atópica necesita, además de los tratamientos médicos que tenga prescritos para afrontar los brotes.

Prueba siempre cualquier producto que vayas a utilizar sobre la piel antes de hacerlo, para asegurarte de que no causa irritación.

Puedes saber más sobre la DA en Guía completa de remedios para la dermatitis atópica.

Higiene

Fundamental cuando hay alteraciones cutáneas que pueden derivar en infecciones, y para ayudar a la piel a recuperar su homeostasis.

Es importante saber que un exceso de higiene puede empeorar el ya de por sí precario estado de la piel, así que hay que encontrar el equilibrio: la epidermis cuenta con su propia microbiota y esta también es vital para su salud.

Utiliza siempre productos neutros o ligeramente ácidos, sin colorantes, perfumes ni aditivos innecesarios; no te des duchas o baños demasiado prolongados y usa agua templada (el agua muy caliente empeora la piel y la seca más).

Las toallas deben ser de algodón 100 % y el secado debe hacerse con pequeños toques o con presión, pero nunca frotando.

Hidratación

Incluso en las épocas en que no hay síntomas de atopia, hidrata la piel al menos dos veces al día, con emulsiones que ayuden al equilibrio del pH y a la restauración de la barrera cutánea y de la capa hidrolipídica (la capa de humedad y grasa que protege y nutre la piel).

Extiende las cremas con suavidad, sin frotar, y aprovecha la noche para usar emulsiones más densas y ricas, que contribuirán a la restauración cutánea nocturna.

La hidratación diaria parece ayudar a prevenir la dermatitis atópica en bebés y a hacerla más leve cuando se presenta.

El entorno

Puesto que la DA necesita de uno o varios desencadenantes para manifestarse, y estos pueden agravar y empeorar el estado de la piel, es fundamental prestar atención a los más comunes e intentar evitarlos o minimizar su impacto.

  • Vigila y mantén una temperatura y grado de humedad apropiados en tu entorno (de nuevo es necesario evitar los extremos). Cuando salgas de vacaciones, ten esto en cuenta para disfrutar sin riesgos.
  • Usa ropa de algodón o de otros materiales de origen vegetal, cómoda, transpirable y no demasiado ceñida.
  • Las lanas provocan picores y reacciones alérgicas, así que elimínalas de tu vestuario o el de tus hijos.
  • La lencería del hogar ha de ser siempre de algodón o de mezclas que constates que no producen reacciones ni sudor.
  • Usa productos de limpieza no agresivos, no utilices aerosoles y compra detergentes neutros para la ropa.
  • No uses lejía, amoniaco ni suavizantes.
  • Mantén la casa limpia y ventilada.
  • Cuanto menos textiles haya en casa, menos riesgo: alfombras, moquetas, cortinas y visillos, etc.
  • Las mascotas de todo tipo pueden ser un problema: comprueba que no causan o empeoran los brotes.
  • Descarta las colonias y los perfumes, así como los ambientadores e insecticidas.

La vida diaria

Intenta hacer una vida normal, con rutinas establecidas para el cuidado de la piel y horarios que te ayuden a descansar.

Cuando hay una dermatitis atópica, se hace imprescindible vivir lo más tranquilo posible y aprender a manejar y reducir el estrés, que, como se está comprobando, es quizá el desencadenante principal de la DA.

Haz ejercicio o deporte moderados (el sudor empeora la piel atópica), mejor si es al aire libre en zonas no contaminadas; aprende alguna técnica de relajación o meditación; desarrolla actividades que te gusten y te relajen.

Establece algún ritual a la hora de ir a la cama: te ayudará a conciliar el sueño.

Ya que el peor síntoma es el picor, que llega a dificultar y condicionar el día a día, cuenta con tu médico y busca estrategias que te permitan eliminarlo o minimizarlo. Aquí encontrarás más información: Cómo aliviar el picor de la dermatitis atópica

También te puede interesar