Como siempre se ha dicho: Para ser buenos padres se necesitan grandes dosis de paciencia, mucha serenidad y poner nuestras prioridades en orden. Tener serenidad es fundamental, debemos ser capaces de controlarnos ante situaciones de adversidad o frustración, y mejor aún si es con una sonrisa en los labios. En los momentos que los niños nos sacan de quicio, un buen consejo sería respirar bien hondo y recordar.