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¿Qué es la fobia escolar?

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La fobia escolar es un  síndrome se caracteriza por un  rechazo a la asistencia a la escuela.
Como toda fobia, implica un temor irracional.

Se caracteriza por varios síntomas:

El niño momentos antes de ir a la escuela manifiesta  dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, palidez y/o debilidad.
Muchos creen que el problema radica en que no quiere ir a la escuela, pero en realidad, el  miedo fundamental es el de dejar el hogar y separarse de la familia, y en particular de su mamá.
Tradicionalmente, el término “fobia escolar” se utilizaba para describir a aquellos niños que manifestaban ansiedad por tener que ir al colegio.
Solían mencionarse ansiedad grave y síntomas somáticos tales como mareo, dolor de estómago y náuseas que hacían que el niño se quedara en casa.
Los padres, preocupados por la salud y la ansiedad del niño, a menudo eran reacios a forzar la asistencia del niño al colegio.

Sin embargo, no estaba claro que en todos los casos el niño realmente temiera la situación de ir al colegio.

Cuando el niño asiste por  primera vez en la escuela se ve arrancado de un medio familiar que le supone una protección total y se encuentra con que tiene que convivir en un nuevo ambiente en el que se reparten el tiempo de atención, los materiales y juegos, los afectos.

Pronto descubre que el mundo no es sólo para él y se pasará buena parte del tiempo reclamando la atención de los adultos, rivalizando con los demás niños.
Estas sensaciones son en ocasiones tan fuertes, que aparecen síntomas de fobia escolar: llanto de repetición, insomnio, trastornos de la alimentación, descontrol de esfínteres y otros.

Todas las fobias son una forma de miedo que responde a estas características: son desproporcionadas a la situación que desencadena la respuesta de miedo y están relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos, no pueden ser eliminadas racionalmente porque están más allá del control voluntario, tienen larga duración, interfieren considerablemente en la vida cotidiana del niño en función de las respuestas de evitación, y suelen aparecer con más frecuencia entre los 4 y 8 años.

Pero la fobia escolar es el rechazo prolongado que un niño experimenta a acudir a la escuela por algún miedo relacionado con ella.
Es poco común y tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años, y afecta a más niños que niñas.

La fobia escolar se asocia  a otros trastornos clínicos, como la depresión y una baja autoestima.

¿Qué predispone la fobia escolar ?

  • Trastornos de ansiedad o depresión de los padres
  • Factores relacionados con la escolaridad
  • Sucesos vitales negativos, como una enfermedad prolongada
  • La separación de los padres

La fobia escolar puede denotar la existencia de una fobia específica (temor a ser herido en los juegos del recreo), social (temor a ser ridiculizado), de un trastorno obsesivo-compulsivo (miedo a ser ensuciado) o de una ansiedad de separación. Lo más recomendable es el tratamiento del psicólogo, mediante terapia.

Con el apoyo de los padres, desaparecen en pocos días aunque pueden reaparecer durante los primeros años, después de vacaciones o de la convalecencia por enfermedades.

¿Cómo actuar ante la fobia escolar ?

Ante síntomas gastrointestinales u otros, consultemos con su pediatra para descartar una enfermedad orgánica.
Insistir en el retorno inmediato a la escuela
Si se hace cumplir la regla de la asistencia diaria a la escuela, el problema de la fobia escolar mejorará en forma notable en una o dos semanas.
Solicitar la asistencia del personal de la escuela
Acompañarlo hasta la clase, e incluso permanecer allí un breve período de tiempo.
Modificar el horario de llegada a la escuela
Cambiar de maestro o, tal vez, de colegio.
Pueden invitar a los amigos de su hijo a salir con su familia o a pasar la noche en su casa.
La experiencia en un campamento de verano podría resultarle sumamente beneficiosa.

Pero los miedos irracionales y las fobias pueden estar causados por problemas más profundos que el rechazo escolar. Por eso debe ser un especialista quien valore la oportunidad de tratar la situación con unos consejos apropiados o con un proceso terapéutico más intenso.

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