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Educación

hijos

Evitando los errores del pasado nos hemos convertido en los esclavos de nuestros hijos. Esta frase podría describir perfectamente la educación actual.

Somos la generación proveniente de educaciones represoras, castigadoras y castradoras que, en su rebeldía, decidió dar otro tipo de educación a sus hijos.

Niños poderosos que desde la más tierna infancia reciben estímulos desde todos los ámbitos que les hablan de sus derechos, sin explicarles que los derechos y las libertades son individuales siempre que no sometan a los otros.

La generación que pasó de un extremo a otro podríamos llamarnos los padres de hoy.

La obediencia sin cuestionamientos a nuestros padres y la disciplina sin opciones en los colegios han dado paso a una generación en la que los niños dominan el mundo con sus derechos y de los que esperamos que poniendo todo a su alcance sin explicarles como usarlo sean capaces de dar una respuesta.

Vivimos nuestra etapa de niñez con miedo a nuestros padres y nuestra época adulta con miedo a nuestros hijos, el autoritarismo dio paso a la permisividad extrema, los hijos son ahora quienes exigen el respeto de los padres entendiendo por respeto la concesión de cuantas cosas requieran, exijan o soliciten.

Los errores cometidos nos llevan a criar hijos que no estarán preparados para enfrentar la vida ya que su niñez se basó en conseguir sin límite ni esfuerzo cuanta cosa requerían, los padres de hoy los “amigos de sus hijos” carecen de las herramientas para ejercer la contención y guía que los hijos necesitan.

Los sistemas educativos “modernos” basan el cambio en una educación tolerante, libre, integradora y solidaria, sin explicar las pautas y claves para que eso se produzca y asumiendo que los niños vienen con todo aprendido.

Es cierto que la educación autoritaria genera respuesta en base a estímulos negativos pero la permisividad extrema que viven los niños de hoy forma seres sin valores ni rumbo en cuyas vidas no existe la responsabilidad y el compromiso llevando al descontrol y hundimiento de una generación futura que no habrá desarrollado la capacidad de reaccionar.

Los límites, temida y repudiada palabra de las sociedades modernas son necesarios para las personas, la convivencia y el orden social. Y si no somos capaces de imponer los límites que necesitan mientras se forman haremos de ellos personas muy desgraciadas y no estaremos aquí siempre para mantener intacta la burbuja en la que los criamos.