Las noticias son cada vez menos buenas, la crisis está arrasando. Cada día vemos más personas sin trabajo, familias que pierden su hogar, crisis, dolor, necesidad… Tiempos oscuros de sufrimiento e incluso hambre en los que no podemos estar ni ajenos ni indiferentes.
No se trata de convertirse en la Madre Teresa de Calcuta ni dejarlo todo para dedicarnos a vivir al servicio de los desposeídos. Pequeños gestos de entrega, a veces ni siquiera materiales, pueden hacer una gran diferencia… una sonrisa tal vez, algo de alimentos, ropa que ya no uses; en fin, todo sirve cuando has perdido todo.
No se trata en estas palabras de hacer sesudos análisis ni buscar culpables de la situación actual, pero la cruda realidad que vemos en la televisión ya no está en países lejanos y pobres… Está en nuestras ciudades y barrios, con caras que nos son familiares y conocidas. Nadie está libre y a cualquiera nos puede pasar en estos momentos.
Debemos todos juntos salir de esta crisis, recuperar palabras olvidadas durante los años anteriores en que todo era éxito, consumo e individualismo. Volvamos, especialmente las mujeres, con ese corazón grande de madres y mujeres, que entienden y viven la vida con otros sentimientos y con emociones. Volvamos a sentir el mundo de forma femenina, recuperemos términos y actitudes de mujer, de esas de verdad.
Compartir, arropar, consolar, abrazar, dar… Todos términos íntimamente ligados a la esencia femenina son los que necesitamos hoy en día, cuando la desesperanza y el sufrimiento se toman nuestras calles. Abre tus ojos y mira si puedes ayudar, compartir y entregar un poquito de amor bajo cualquier forma, hazlo, sin tapujos ni recompensa. El mundo está en crisis y hoy más que nunca necesitamos amor de mujer y de madre. Volver a los antiguos valores perdidos es lo que necesitamos para encontrar la salida, la oportunidad y el nuevo comienzo.
Foto: Jlmaral